17.1.11

Te pintaron las cejas con dos pinceladas de asfalto caliente, y quedó Buenos Aires, dibujada en tu frente. Y esa pena de amor que agrandó tus ojeras, faltando a la cita, no pudiste borrarla ni con agua bendita. Era escudo y espada tu palabra atrevida, tu mirada insolente, cuanto miedo tenías que te dañe la gente. Esa gente que hablaba y que mal comentaba tu sabiduría. Ellos nunca supieron lo que tu ya sabías.


Tita de Buenos Aires, Tita mía, la de los tangos calientes y las manos tan frías, la de plegarias al cielo como la Madre María. La del mercado de Abasto, la del paseo en tranvía.
Cacho Castaña

Tita Merello, una grande de todos los tiempos.
Aunque no se crea, detrás del monitor, siempre hay una persona sensible, que llora por cada frase que le dicen. Por esas personas sensibles, consoladas por tangos magnificos. ¡Gracias Tita!

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