30.11.11

Me siento débil y fuerte a la vez, quizás eso sea el amor.
Muero de miedo al pensar que soy yo, la Da Vinci del show.
Si quiero en dos segundos termino, pero no quiero, no.
Te veo brillar en espontaneo y se me parte en dos el cráneo, ese que tanto amabas; y en mi sonrisa hay más de lo que sabes merecer.
No sé bien si pueda llegar al final con esta sensación, más bien puede que el final llegue a mí, el horizonte se acercó. Da pánico estar vulnerable, nunca nadie me sonrió asi.
Brillas y yo ya no te miro, miro como es que te miran, mientras vos me miras.
Paso lo peor de la tormenta, y necesito contarme alguna historia que me haga surgir algo del fin.
“Serás aquello en lo que enfoques”, dijo mi ‘amiga’ mientras yo le echaba al Termidor, si enfoco en vos me vuelvo la mejor, gracias, no te hablo más y me voy!
Brillas y yo me pongo al lado, al menos me brilla el costado, que es más que no brillar.
Y como parte de mi, el fin concluye, pero no sin transformarse en el camino. ¿De qué color serías falso destino, si muriéndome lo nuestro se destruye?


ONCE DIAS!

29.11.11

¡Creer es crear!
De repente, si creo en Dios, existe. Y si alguien a mi lado no cree en Dios, no existe, en su mundo, tan legítimo como el mío. Yo creo que, en cuanto a creer en Dios, tal vez se halla focalizado mayormente en la segunda parte de la cuestión, Dios. Creando así cientos de guerras y disputas en busca de certezas, en lugar de creer conveniente poner el foco en la primer parte del asunto, creer. Posiblemente se hubiera creado gran incertidumbre, dado que no mucha gente cree que el verbo creer encierre mayores misterios. Yo en cambio creo que el verbo creer guarda una relación de equivalencia con el verbo crear, sobre todo cuando se conjugan en primera persona, yo creo. Yo creo, que tanto creer como crear se asemejan, en lo fáctico al verbo hacer e incluso al verbo nacer, pero no quiero crear más confusión creyendo más cosas sobre estas dos palabras, que también difieren en una letra.
En fin, yo creo, que cuando creo algo, lo creo.

Si el tiempo existe desde que el ser humano lo subsidió, ¿por qué temerle tanto a un programa que el mismo dio a luz?
Si lo que permanece igual es el cambio, ¿no ves? “No hay nada más moderno que lo clásico”, dijo después. Y esa contradicción saco a bailar a Einstein y a María Elena Walsh en mi mundo al revés.
Si las palabras acarician, matan y abrazan, ¿Por qué no se las cuida como al cuerpo mismo, desde antes de nacer?

DOCE DÍAS !