Lo que no se ve.
Ya no leo partituras, ¿quieren saber el causante? ¡Que me dejaré llevar, por la locura de mi mente tan farsante! No practico las escalas, soy más dura que el cemento, cada vez estoy más lenta para correr, pero me quedan las alas.
Y créanme, no quiero dejar de volar. Y créanme, disfruto de aterrizar.
Sé que perdí la constancia para estudiar armonía, pero no fue por vagancia, me están empezando a gustar las melodías. A la línea que separa mal del bien, sentir-sufrir, la camino por el borde, que elija su propio destino cada acorde.
Y créanme, que ellos bien saben elegir. Y créanme, que les pueden hacer llorar, pero también reir.
Gasto más tinta en borrones, que en frases hechas al paso; pero no me voy al mazo, sin golpear aunque sea un par de corazones. Si me sale un estribillo, le doy gracias a la vida, que es mi único lazarillo, me guía cuando mi razón está aturdida.
Y créanme, que ese es mi estado en general. Y créanme, mientras me sea funcional, quiero seguir igual.
Es mi forma de conectarme amor, con lo que no se ve, con esa dimensión que no sabe de tiempo, ni espacio.
Nueve pastilleros días!